
Niño o niña
Por: Dina Barrera
Dina Barrera
@dinabarrera
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Niño o niña, esa pregunta tuvo un significado muy diferente para generaciones anteriores. El cambio de épocas también trae consecuencias. Sin embargo, muchas cosas han mejorado con el paso del tiempo.
Mi mamá nos cuenta que cuando nació su primera hija en los sesenta, se llenaban las salas de espera de todos los amigos de la pareja. Que afortunadamente iba a tener un hijo. Pero una cosa de suma importancia y que era desgraciadamente de la suerte o causalidad era su género. Y con esto solo me refiero a si era niña o niño, así que no le den tanta vuelta a la ardilla, no había tanta variedad como ahora.
La primogénita de mi madre fue una hermosa niña, que ahora sabemos que es maravillosa. Fuerte, luchona, con carácter también muy fuerte y muy responsable, inteligente y amorosa.
Obviamente, es eso y mil cosas más.
Cuando tener un varón parecía obligatorio
En la sala de espera todos traían los típicos puros en señal de celebración. Mi padre dijo que no valía la pena prenderlos, pues había sido una niña y no un niño. Que por aquellos lugares y en aquel año era lo que se “deseaba con toda el alma”, y no solo era el papá, los dos. Tanto padre como madre, morían por que fuera varón; le daría a la persona que se quedaría con el legado, el apellido y el orgullo de tener tu primera criatura, y de sexo masculino.

Igualdad familiar con los hijos, el genero del recién nacido
Contaba mi madre que eso era lo que se estilaba entre toda su generación de amigos. Y que obviamente no es que no fueran a querer a sus hijas, pero tener un varón era de verdad como una bendición especial.
Mi madre sí la tuvo muy dura; yo fui la segunda, todo un caso. Pero no es deber ahorita platicar de mi persona, sino que… chin, otra niña y otra vez no saquen los puros. Así fueron los siguientes dos embarazos. Tuvo otros dos fallidos y el doctor recomendó no intentarlo más porque sería peligroso. Pero tanto las amigas de mi madre como nuestros familiares le decían que debería intentarlo porque sino él, mi padre, lo buscaría fuera del matrimonio.
Me imagino lo que están pensando y al menos a mí se me revuelve el estómago de pensar en sentirte amenazada o menos por no tener un varón. Qué idiotez, pero así era la educación.
El tiempo también cambia nuestras prioridades
Mi pobre madre siguió intentando a pesar de las advertencias del doctor y, como dicen… no hay quinto malo, así que se embarazó a los 40. Cosa extraña aún ahora; y fue un hombrecito, y quisiera decir que todos fueron felices y vivieron para siempre juntos, unidos y forjando una vida sólida como familia.
Ahora, que ya toda la familia creció, que unos se casaron y que otros no, desafortunadamente mi madre falleció hace unos años. Así que un viudo y superadulto (ahora en sus 95) pues tuvo un desafortunado resbalón y a esa edad, todo es muy serio. Hemos luchado entre toda la familia, y todos ponemos de sí lo que tenemos y a veces más. Al final, ellos nos cuidaron y se lo merecen.
¿Pero saben quiénes están allí al pendiente, cocinándole, llevándole a la silla de ruedas, platicándole y aguantando las películas antiguas y vaqueras…? Sus mujercitas, esas por las que no quiso en su momento prender un puro.
Me alegra que, entre todas las cosas que el tiempo está cambiando, sea también la forma igualitaria al embarazarte; ya lo importante es que nazca bien y que la madre esté en perfectas condiciones. En serio, debió haber muchas mujeres decepcionadas en aquellos tiempos por tener puras “niñas”; sin embargo, y de nuevo, el tiempo nos deja probar que, en su mayoría, y hablando obviamente de la educación de aquellos años, las mujeres nos quedamos más a ayudar a nuestros padres, y en si unimos más a la familia que los hombres, quienes normalmente, y enfatizo, en la educación de las personas que nacieron en los 60’s, ellos se pegan más a su mujer, sus hijos y su familia.
Así que brindemos por los nuevos tiempos y la equidad. Como último detalle, es el hombre quien define el sexo del bebé; la mujer era la que debía elegir si prender el puro o no. Igualdad familiar con los hijos, el genero del recién nacido
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