
Tengo 50 años y sigo viendo series juveniles
Por: Alex Miranda
Alex Miranda
Alex Miranda Cuevas
AlexMiranda09
Tengo 50 años y hay algo que quizá no todos esperarían de alguien de mi edad: me siguen gustando las series infantiles y juveniles.
Y no es algo que me dé pena reconocer. Al contrario. Hay series que he visto completas y que, con el paso de los años, me han permitido ser testigo de algo que me parece fascinante: ver crecer a sus protagonistas.
Pienso, por ejemplo, en Miley Cyrus, a quien conocí como Hannah Montana. La vimos pasar de aquella adolescente que soñaba con una doble vida a convertirse en una artista reconocida mundialmente. Lo mismo me ha pasado con Selena Gomez, a quien conocí desde Los Hechiceros de Waverly Place, y después fui viendo evolucionar como actriz, cantante y productora.

Tengo 50 años y me gustan las series juveniles, Alex Miranda reflexiona sobre la mejor forma de desconectar del estrés sin prejuicios.
También está Ariana Grande, a quien muchos conocimos como Cat Valentine en Victorious. Es curioso verla hoy y recordar a aquella joven que aparecía en una serie juvenil con su característica personalidad y ese cabello rojo.

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Y qué decir de Jenna Ortega. La conocimos siendo muy pequeña en sus primeros trabajos y hoy es una de las jóvenes actrices más reconocidas de su generación.
También está Zendaya, a quien conocí en Agente K.C. Verla en sus primeros años y observar todo lo que ha logrado después me parece increíble. Su evolución como actriz y artista, demuestra que el talento puede crecer y transformarse con el tiempo.
Lo interesante para mí no es solamente volver a ver esas series.
Lo importante es observar cómo cambian las personas, cómo evolucionan sus personajes y cómo, de alguna manera, nosotros también vamos cambiando mientras las vemos.
Además, ver estas series se ha convertido en un desestrés de mi día a día. Mi trabajo es de estrés constante entre eventos, montajes, ruedas de prensa, relaciones públicas, planeación, impresitos y mil detalles que no se detienen. Después de un día lleno de coordinación, logística, llamadas, reuniones y gente, lo que más disfruto es llegara a casa, acostarme en la cama y ver un capítulo de alguna de estas series. Es mi forma de desconectarme, relajarme y recuperar un poco de tranquilidad.

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Cuando era más joven, probablemente veía estas historias simplemente para entretenerme. Hoy las veo con otros ojos. Me fijo en los personajes, en las relaciones, en cómo enfrentan los problemas y hasta en la manera en que los actores van construyendo su carrera.
Quizás algunos piensen que a los 50 años uno debería dejar atrás este tipo de entretenimiento. Yo no lo creo.
La edad no debería convertirse en una lista de cosas que ya no podemos disfrutar.
No hay historias reservadas para los jóvenes, ni emociones que pierdan valor con los años. Una serie puede acompañarnos, hacernos reír, ayudarnos a descansar o recordarnos una parte de nosotros mismos que creíamos olvidada.

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Porque crecer no significa apagar la imaginación ni renunciar a lo que nos hace bien. Significa conocernos lo suficiente para disfrutar sin pedir permiso, sin sentir vergüenza y sin permitir que otros decidan qué debería emocionarnos.
A los 50 años sigo viendo series juveniles, y no siento que esté retrocediendo. Al contrario: sigo avanzando con la libertad de elegir aquello que me alegra.
Y quizá esa sea una de las formas más bonitas de madurar: entender que nunca dejamos de crecer, pero tampoco tenemos que dejar de disfrutar.
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