
H.D.T.P.M. modelo empresarial estratégico
Por: Mtro. Misael López-Uribe Consultor y Consejero en Brand Marketing, Comunicación Corporativa y Brand Sales Creador del Modelo Estratégico “Las 10 M’s de la Mercadotecnia”® WhatsApp: (998) 109 6315 guiame@misael.consulting
H.D.T.P.M. modelo empresarial estratégico que dejó de creer en la improvisación
Y es que el problema común sigue siendo el mismo. El líder se pierde en el caos operativo. El H.D.T.P.M. modelo empresarial estratégico en Brand Marketing, obliga a frenar y a mirar los números de frente y a revaluar si la operación tiene sentido a largo plazo.
El gran drama de la mayoría de los negocios no es realmente que no sepan vender. El problema de fondo es mucho más profundo porque tiene que ver con una mercadotecnia deformada. Es mala planeación y es mala ejecución y, honestamente, es sobre todo un diagnóstico que no se sostiene. El H.D.T.P.M. modelo empresarial estratégico en Brand Marketing
Se piensa que el equipo comercial está fallando cuando en realidad la estrategia de origen nació muerta, en el modelo empresarial. No hace falta más presión de ventas si el concepto mismo está desenfocado. Me parece que muchos directivos confunden generar transacciones con construir una infraestructura de mercado sólida; y claro, el resultado es ese estancamiento que solemos ver en casi cualquier industria. Quizás el error básico empieza ahí: querer curar el síntoma sin ver la enfermedad del modelo operativo.
El mito es que, para vender, hay que publicar de todo, gastar más en pauta o estar pegado a las redes sociales intentando entender los algoritmos. Y no. No funciona así. Cuando una empresa simplemente no conecta y no logra que el usuario compre bajo ningún concepto, el problema suele ser otro y es más profundo. No entienden realmente a su cliente y no tienen idea de por dónde se les escapó la gente y no siguen una ruta lógica para cerrar tratos. Al final no ocupan un espacio de verdad en la mente del mercado. Por eso no logran monetizar con inteligencia y se quedan estancados. Quizás sea falta de enfoque o de orden, pero sin esa conexión real, el esfuerzo es en vano.

Por esas razones, sugiero un camino que es simple pero bastante incómodo de transitar, aunque sumamente útil: H.D.T.P.M. modelo empresarial estratégico.
No estamos hablando de un eslogan publicitario. Es algo más crudo. Se trata de un recordatorio pesado e inevitable sobre qué debería estar evaluando una empresa y qué pasos debería cumplir antes de seguir quemando presupuesto en puras ocurrencias.
H es para HUMANIZAR.
La clave es humanizar. Si tu estrategia de marketing no entiende a las personas, la verdad es que simplemente le hablas al aire. y no hay un modelo empresarial estratégico.
Nadie compra una idea solo por el precio o un descuento que brille en la pantalla. Hay algo más. La gente elige porque siente confianza o percibe una cercanía clara, o quizás por un deseo que ni ellos mismos pueden explicar bien. Humanizar el proceso significa básicamente escuchar mejor y observar un poco más. Pero sobre todo significa dejar de ver al mercado como una masa gris y sin nombre. Al final, si una marca no logra conectar desde lo emocional, entonces su único destino es pelear por ver quién cobra menos. Y eso, Honestamente, no es el camino.
D es para DIAGNOSTICAR.
La mayoría falla justo aquí. Hay gente que busca lanzar campañas sin analizar el terreno antes, o quieren publicidad sin una buena auditoría, o posicionamiento cuando ni siquiera conocen su propia marca. Diagnosticar es sentarse a revisar lo que importa: la marca y el mensaje y la experiencia y la base de datos de los clientes. Significa entrar a fondo en el embudo comercial para ver dónde escapa el dinero y entender qué piensa la gente de la empresa o cómo trabaja el equipo. Lo que no se diagnostica es pura adivinanza. Y adivinar en los negocios siempre termina costando más de la cuenta. Tal vez por eso muchos proyectos no arrancan nunca de verdad.
T es para TRAZAR.
Lo importante no es solo señalar el fallo. Eso cualquiera lo hace. El reto de verdad está en el dibujo del camino, en lo que llamamos la traza. Hay que sentarse a definir qué va primero y qué después, quién se hace cargo, cuánto capital se va a quemar y cómo vamos a medir si todo esto sirve de algo.
Se ve mucho en el mundo corporativo: equipos agotados, gente que ya no puede más. Pero el cansancio no suele venir de las horas extras. Viene del desorden puro y duro. Se confunde mucho el estar ocupado con el estar avanzando hacia una meta. Al final, si tienes una estrategia, pero no tienes ese trazo claro y ejecutable, lo único que tienes es un montón de entusiasmo y ganas de hacer cosas mal administradas. Tal vez el orden es más valioso que la propia idea.
P es para POSICIONAR.
No se trata de parecer grande. Se trata de ser claro. Posicionar una marca es lograr que el mercado entienda quién eres, qué resuelves, para quién existes y por qué deberían elegirte a ti. El error más común del empresario promedio es querer competir con todos, hablarles a todos y prometerle todo a todos. El resultado siempre es el mismo: no se vuelve relevante para nadie.
M es para MONETIZAR.
La diferencia real está en los resultados. Porque la mercadotecnia no vive de los likes o del ruido que hacen las redes. Si una campaña no termina moviendo la aguja de los ingresos, si no genera utilidad o recompra y recomendación real, simplemente no sirve para el negocio. Es puro movimiento sin dirección.
Si lo que haces no toca el factor económico, no le llames estrategia; fue actividad y nada más. Al final del día, monetizar no significa vender por vender. Se trata de otra cosa. Es convertir la reputación y la claridad de tu marca en un motor que sostenga el crecimiento a largo plazo. Así de simple y así de difícil. Aquello que no es rentable termina siendo, supongo, solo una pérdida de tiempo.

H.D.T.P.M. el modelo empresarial estratégico en Brand Marketing al final no es nada más que una herramienta estructurada para dejar de improvisar por instinto. Es así de simple. El empresario que ignora lo humano termina volviéndose frío y distante. Si no hay diagnóstico concreto, tropiezo seguro. Sin trazo de ruta, el esfuerzo se nos dispersa por todos lados, mientras que el que no logra posicionarse queda básicamente en el aire, siendo invisible para el resto. Y claro, el que no monetiza se rompe. Tarde o temprano las cuentas dejan de dar y todo se acaba. Por eso este proceso es necesario y no solo una decoración.
La verdad es que nadie quiere hacerse esta pregunta en voz alta. Pero hay que decirla. ¿Tu empresa batalla con las ventas porque falta mercado, o porque lleva años cargando un desastre interno que decidió esconder bajo la fachada de la mercadotecnia?
No es lo mismo. Pero resulta que es mucho más fácil pagar pauta publicitaria que sentarse a arreglar los procesos internos que no funcionan. Se gasta y se vuelve a gastar pensando que el problema es de comunicación y alcance. Y no. Y esto pasa seguido. Se acumulan parches operativos y luego le pides a marketing que haga un milagro para tapar el desorden. Al final tienes una estructura frágil que no aguanta el peso de su propia ineficiencia y culpas a la mercadotecnia cuando, en realidad, el origen es la desorganización de años atrás. Tal vez sea momento de dejar de mirar hacia fuera y ver qué cosas se rompieron adentro desde hace tiempo.
Te invitamos a leer todo el contenido en formato digital:
También te gustará leer el artículo anterior de Misael López-Uribe: “Quiero ser mujer, pero no puedo…”




