
El estado profundo

Pensemos en un reloj, las manecillas que están a la vista de todos, son las que gobiernan el tiempo aparentemente, se nos presentan señalando el curso de los segundos, minutos y horas. Mientras que, detrás de la carátula se oculta la maquinaria, que con precisión impulsa y hace a esas manecillas moverse. Utilicemos esta idea del reloj para tratar de entender mejor al mundo y a México políticamente hablando. Esa maquinaria es el “estado profundo”.
Por: Eduardo Serna
@eduxenit
Los engranes que la componen, se congregan para ejercer el poder y participan en su funcionamiento, así esta maquinaria actúa en los países y gobiernos, para bien o para mal. Está compuesta por el poder económico, político, mediático, criminal, judicial, militar, pero también, el poder cultural y colectivo, entre otros.
Cada poder en sí, no es de funcionamiento monolítico, dentro de cada uno de ellos hay mucho interés, posturas e ideologías, existen distintos actores y grupos. Cuando varios poderes comparten el mismo interés, por lo general, el de obtener beneficios económicos, los gobiernos terminan funcionando en dirección a dichos intereses (como las manecillas del reloj).
La carátula del reloj tiene la labor de guardar y ocultar esta maquinaria. Hace lo posible para disminuir la percepción y distraer. Se materializa en el poder mediático. También este poder trabaja en detrimento de poderes como el cultural y colectivo. Al grado de lograr que estos no se reconozcan a sí mismos como poderes, para facilitar el logro de los intereses de la mayoría poderosa.
Pero, ¿qué sucede cuando un gobierno quiere cambiar la dinámica?, y empieza a haber intentos para romper inercias de poder controladas por el “estado profundo”, y se empieza a trabajar para que los otros poderes que tienen que ver con los ciudadanos y la comunidad despierten y se integren de alguna manera, a la repartición de riqueza. Obviamente en ese momento hay un choque de intereses, las manecillas están yendo en contra del funcionamiento de la maquinaria. Siempre que un gobierno o grupo político, quiere romper las inercias de los poderosos se presenta una crisis.
Intoxicación ideológica e inyección de odio mediático.
El poder mediático (la carátula del reloj), históricamente comparte su relación con los poderes dominantes, tiene por labor producir en serie “periodistas” e “intelectuales” que, a través de medios masivos monopolizados, amoldan la percepción de la población, acorde con los intereses del “estado profundo”, y claro, cada vez que alguien sugiere la existencia de este conglomerado de poderes, la “carátula” mediática hace el trabajo de ocultar, utilizando técnicas y estrategias de manipulación. Noam Chomsky, lingüista, activista y politólogo, analiza y detecta 10 estrategias de manipulación mediática, que les sugiero lean. Chomsky a partir de su experiencia e investigación, hizo esta dura declaración: “La manipulación mediática hace más daño que la bomba atómica, porque destruye los cerebros. La población general no sabe lo que está ocurriendo y ni siquiera sabe que no sabe”.
La privatización del mensaje
Cuando un empresario o un grupo de empresarios son dueños de la mayoría de los medios masivos de comunicación. Difícilmente las expresiones informativas que salgan de dichos medios serán objetivas. Es decir, que los medios estarán enviando información sesgada que nunca será en beneficio de la población general, si no que derivarán en beneficios para sus asociados y dueños. Es entonces que se pueden orquestar engaños, como el de la vergonzosa “verdad histórica”, en el caso de los 43 estudiantes asesinados de Ayotzinapa, por poner un claro ejemplo de manipulación mediática.
Pablo Iglesias, politólogo y ex viceministro del gobierno español, en una entrevista para el medio digital “SinEmbargo al aire”, define al estado profundo así:
“Es muy importante diferenciar el gobierno del estado.
A veces la gente piensa que si alguien llega al gobierno ya tiene el poder y es el estado. No, no, no. El estado es mucho más que el gobierno, el estado es un conjunto de redes de poder, donde está el poder judicial, donde está el ejército, donde está la policía, donde están altos funcionarios que permanecen en sus posiciones independientes de quien gobierne. También tienen ideología, y que además mantienen ese poder durante décadas, durante mucho más tiempo de lo que puede estar un presidente o un ministro. Esos espacios de poder tienen lógica e ideología y dinámicas de funcionamiento”.
El “estado profundo” al que hemos estado haciendo referencia, también está compuesto por poderes fácticos (sindicatos, caciques, monopolios empresariales, medios de comunicación y delincuencia organizada). Su interés son los de siempre, beneficios económicos. De ahí se puede entender la tendencia privatizadora de instituciones y recursos naturales, que están o estaban bajo el control del gobierno.
El “gatopardismo” define al “estado profundo”, Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957) en su obra el Gatopardo, acuño esta frase que se dijo entre gente de poder:
“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.
Cada que alguien intenta decir que hay grupos de poder, detrás del poder de los gobiernos en el mundo, inmediatamente se le descalifica y se le acusa de estar propagando “teorías de conspiración”, término que se aplica para descalificar y ocultar investigaciones serias, acerca del poder detrás del poder. Y mientras la maquinaria, continua oculta, tic tac, tic tac.
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