El Casi no tiene nada que ver con el Éxito

El Casi no tiene nada que ver con el Éxito

Por Daniel José Rivera Viera – CRM


El “Casi” no tiene nada que ver con el Éxito: cómo ejecutar una idea brillante y no quedarte a medio camino


El “Casi” no tiene nada que ver con el Éxito, un claro ejemplo es: “Casi me gano la lotería” … ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase de colegas, amigos, vecinos o familiares? Y sí, seamos sinceros, más de una vez nosotros mismos la hemos pronunciado. Pero, ¿qué se esconde realmente detrás de esta simple expresión? A menudo, el “casi” disfraza un cúmulo de emociones difíciles: frustración, enojo, culpa, vergüenza e incluso tristeza.

 

En el dinámico mundo de las oportunidades, no hay espacio para las medias tintas ni las zonas grises. O se logra, o no se logra; es así de simple y contundente. No hay aproximaciones que cuenten; lo único que importa es el resultado final. ¿Fuiste capaz de alcanzar lo que te propusiste, o te quedaste en el 99?9%?

Si trasladamos esta idea al mundo del emprendimiento, encontramos historias reveladoras. El “Casi” no tiene nada que ver con el Éxito, proyectos brillantes que se quedar

on en el camino. No por falta de potencial, sino por la ausencia de credibilidad, empuje, tesón o incluso esa sana terquedad necesaria para superar los obstáculos. Y lo más irónico es ver cómo, a veces, un vecino o un competidor materializa una idea similar, incluso con un alcance inicial inferior al que tenía nuestra propia visión.

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El “Casi” no tiene nada que ver con el Éxito: ¿Por qué una gran idea se queda en el tintero?

 

Nos hemos hecho esta pregunta miles de veces: ¿Por qué una idea tan buena no logra materializarse? ¿Por qué se queda a medio camino? Si era tan prometedora, ¿por qué no conseguimos “venderla” a quienes podrían haberla impulsado?

A primera vista, El “Casi” no tiene nada que ver con el Éxito y podríamos pensar que las respuestas son sencillas. Sin embargo, no hay una solución única. Cada iniciativa, cada emprendimiento o proyecto de negocio es impulsado por agentes económicos (los emprendedores) con visiones de vida y de negocios muy diversas.

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Si profundizamos un poco, nos daremos cuenta de que detrás de cada idea hay una persona que juega con sus propias fortalezas y debilidades. El éxito o fracaso de esa idea dependerá, en gran medida, de cómo esa persona sea capaz de administrar y potenciar esos aspectos.

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El “Casi” no tiene nada que ver con el Éxito: Más allá de una sola explicación

Entonces, queda claro: no hay una fórmula mágica para entender por qué algunos proyectos despegan y otros no. Tanto para quienes alcanzan el Éxito como para quienes se quedan en el intento, cada individuo y cada iniciativa enfrentan su propio conjunto de pros y contras. Estos factores, que surgen durante la estructuración del proyecto (ya sea un negocio, un emprendimiento o cualquier otra idea), pueden impulsar o frenar su cristalización, incluso si los estudios de factibilidad indicaban lo contrario. Ideas brillantes fracasan

La actitud es clave, la preparación, indispensable

Desde mi perspectiva, si hay algo innegable es esto: si crees en tu proyecto, ¡ejecútalo! No importa lo que piensen los demás. Tu actitud al abordar cada etapa es, sin duda, un factor determinante para el éxito de la iniciativa.

Ahora bien, esto no significa que el camino será fácil. Todo lo contrario. Lo crucial es anticiparse a cada obstáculo. Debes tener siempre un abanico de posibilidades en mente para los desafíos que puedan surgir. De esta manera, si algo inesperado ocurre, ya tendrás una hoja de ruta clara para manejarlo de la mejor forma posible. La capacidad de replantear rápidamente es vital para minimizar cualquier impacto negativo en el resultado final o, al menos, para que la afectación sea la mínima tolerable.

Para ilustrar mejor lo que hemos estado conversando, El “Casi” no tiene nada que ver con el Éxito. Permítanme presentarles a Rafaello. Rafaello es un ejecutivo inquieto con más de quince años de sólida experiencia en administración y finanzas, y una trayectoria destacada en grandes corporaciones.

Un día, un viejo amigo del colegio, Raymundo, lo invitó a tomar un café. Lo que comenzó como un encuentro casual, pronto se transformó en una fascinante charla de negocios. Raymundo estaba a punto de embarcarse en un proyecto ambicioso: abrir un club de entretenimiento nocturno dirigido a personas de entre 20 y 35 años. Para este emprendimiento, había invertido todos sus ahorros, apostándolo todo. Necesitaba un estudio financiero serio, y sabía que Rafaello era la persona indicada.

Lo primero sobre  El “Casi” no tiene nada que ver con el Éxito. Rafaello quiso ver fue la infraestructura física. La ubicación era inmejorable: en una de las zonas de entretenimiento más vibrantes de la ciudad, rodeada de restaurantes prestigiosos, con amplio estacionamiento, fácil acceso y cerca de los hoteles principales. A primera vista, era una oportunidad dorada, especialmente porque el antiguo inquilino estaba negociando la operación.

Con su agudo instinto para los buenos negocios y la experiencia de haber manejado tesorerías de más de 500,000 USD, Rafaello solo le hizo tres preguntas clave a Raymundo:

1. ¿Cuánto hay que pagar por adquirir la operación?
2. ¿A cuántos años se puede negociar el arrendamiento del local?
3. ¿El predio cuenta con el permiso habilitado para operar un club de entretenimiento nocturno en esa zona específica de la ciudad?

Tras escuchar las respuestas de Raymundo, Rafaello no dudó: “Yo voy con el 20% en este negocio”. “¿Cuándo tengo que aportar?” No se tomó la molestia de hacer ningún estudio adicional; en realidad, ya había procesado toda la información en su mente. El solo hecho de contar con la habilitación para operar en esa zona tenía un valor incalculable. Si a esto se sumaba un contrato de arrendamiento a cinco años y una prima de operación que representaba solo el 25% de los ingresos estimados con un 35% de ocupación, el proyecto se convertía en un escenario más que viable.

Sin embargo, para Rafaello, la viabilidad dependía de una condición crucial: solo si se cumplía lo siguiente:

• A. Roles claros para cada socio: Cada socio debía encargarse de una actividad concreta. Uno se dedicaría a la operación del negocio (empleados, gastos, mantenimiento, inventarios). Otro se enfocaría en la parte creativa. Diseñando eventos con figuras nacionales e internacionales para marcar la diferencia. Y finalmente, un socio se concentraría en el componente financiero. Es decir, el manejo de la tesorería, el “oxígeno” del club.

 Eventos estratégicos.

• B. Plan Anual de Eventos Estratégico: Era fundamental diseñar un plan de eventos anual que considerara los picos y valles. El “Casi” no tiene nada que ver con el Éxito, las fechas especiales, los ciclos estacionales (vacaciones) e incluso el comportamiento meteorológico para maximizar la asistencia.

Plan de Inversiones

• C. Inversión y Provisiones Sostenibles: El “Casi” no tiene nada que ver con el Éxito, ya que ideas brillantes fracasan y se requería un plan de inversiones constante para mantener el club con una calificación “top” bajo estándares internacionales. Además, un plan de reservas para la reconversión de infraestructura era vital, asegurando que no tuvieran que depender de financiación externa (banca u otros inversores) para estas mejoras.

Grupos Internos y Externos

• D. Escuchar a los Grupos de Interés: El “Casi” no tiene nada que ver con el Éxito, la voz de todos los grupos de interés —no solo los clientes externos, sino también el equipo interno— era definitiva para alcanzar el éxito anhelado. Hacerlos parte integral del negocio era una premisa de confiabilidad y respeto, indispensable para la permanencia del club.

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¡Si tengo fe, lo ejecuto! Punto final. Se ha declarado, se ha puesto en marcha.


Podrás leer el artículo anterior de Daniel José Rivera Viera aquí:  En busca de la administración de riesgo óptima

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