
Cómo la inteligencia social impulsa las Relaciones Públicas
Por: Magda Rivero Hernández
Según Howard Gardner, padre de la teoría de las inteligencias múltiples, “la inteligencia social es el conjunto de habilidades interpersonales que nos permiten interactuar con los otros de manera adecuada”. En pocas palabras, es una competencia que nos da la facilidad de empatizar con los demás, organizar y resolver conflictos sociales y a identificar reacciones emocionales en los demás. Incluye habilidades como:
- Empatía: comprender y compartir los sentimientos de los demás.
- Escucha activa: prestar mucha atención a las señales verbales y no verbales en la comunicación.
- Percepción social: lectura y comprensión de dinámicas y situaciones sociales.
- Adaptabilidad: adaptar el comportamiento para adaptarse a diferentes contextos sociales.

Normalmente, cuando se le pregunta a un experto qué características debe tener un experto en comunicación y RR.PP., las respuestas suelen ser: “facilidad para relacionarse con la gente”, “tener don de gentes”. Esto nos lleva a la consideración de la inteligencia social como factor importante, toda vez que representa el valor de las relaciones a nivel social que este posee y coloca en la práctica en su entorno.

La inteligencia social: pilar fundamental para la labor del relacionista público
Entender que el relacionista debe tener competencia social implica, por ejemplo, crear un ambiente agradable para la conversación, saber convencer y motivar a otros, moderar los conflictos, contemplar los problemas desde distintas perspectivas, reconocer los sistemas de relación e interacción de los grupos; todos ellos imprescindibles para hacer bien el trabajo de mediador, negociador o árbitro; uno de los platos fuertes de los relacionistas públicos de las empresas y organizaciones.

Hoy se sabe con certeza que las personas con una inteligencia social muy desarrollada suelen empatizar y hacer sentir bien a los que les rodean. Por medio de su comunicación verbal y no verbal, emiten mensajes a su entorno que provocan sensaciones de aprecio y respeto. Además, son capaces de transmitir emociones positivas, lo que se traduce en más posibilidades de obtener la colaboración, llegar a un acuerdo favorable o incluso resolver un grave conflicto. Estas competencias sociales se pueden entrenar a lo largo de la vida y son imprescindibles para el trabajo del relacionista público.
Por otra parte, si entendemos a las Relaciones Públicas como la disciplina que vela por la instauración, mantenimiento y consolidación de relaciones de adaptación e integración entre una organización y sus stakeholders o públicos estratégicos, no podemos obviar que atender la inteligencia social es esencial para el fomento de unas relaciones auténticas y duraderas.

Conectar, comprender y responder: competencias sociales para tiempos complejos
La escucha activa es una competencia clave de la inteligencia social, permite anticipar y responder a las necesidades de los públicos; comprender sus motivaciones y crear mensajes que no solo estén acordes a sus valores y expectativas, sino también que puedan ser adaptados a diferentes contextos y audiencias, a la par que posibilitaría identificar tendencias emergentes y anticiparse a posibles crisis o malentendidos.

Igualmente, en situaciones de crisis, la interpretación correcta de las emociones de los stakeholders y responder con sensibilidad puede marcar la diferencia entre una reputación dañada y una oportunidad para fortalecer la confianza.
En otro orden, al hacer que la empresa sea más socialmente inteligente, los líderes pueden trabajar mejor con los trabajadores y los trabajadores entre sí. La comunicación se vuelve más abierta y efectiva, y los problemas pueden resolverse más rápida y eficazmente. Además, los líderes siempre deben tener esta capacidad de motivar a los demás.

En resumen, la inteligencia social no es solo un complemento en las Relaciones Públicas, sino uno de sus pilares. La empatía, la escucha activa, la gestión emocional, la autenticidad y la adaptabilidad cultural posibilitarán a las organizaciones conectarse de manera genuina con sus públicos, fortalecer su credibilidad, ganar confianza y forjar relaciones duraderas en un entorno cada vez más complejo.

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