Voceros

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Por Dra. Magda Rivero Hernández

Voceros: rostros y voces de la organización

En el ecosistema actual de la comunicación, donde la inmediatez es la norma y la reputación es un activo tan frágil como valioso, el papel de los voceros y portavoces adquiere una relevancia estratégica indiscutible. Ninguna organización -empresa, institución pública, ONG o incluso emprendimiento personal- puede permitirse improvisar cuando se trata de comunicar hacia afuera. Cada declaración, cada gesto y cada dato expresado se convierte automáticamente en parte del registro público, y con ello, en pieza constitutiva de la percepción social.

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Ellos son responsables de representar a la entidad, causa o persona en varios canales de comunicación, como entrevistas con los medios de comunicación, ruedas de prensa, declaraciones y apariciones públicas, tanto en tiempos normales como en los de crisis. Incluso, se comunican con las partes interesadas internas, incluidos los empleados, para garantizar una comprensión clara de los mensajes y objetivos de la organización.

Dónde se necesita un vocero

Cualquier entidad puede tener más de un/a portavoz, generalmente relacionados con distintas especialidades dentro de la misma, pero siempre ha de contar con uno(a) que sea la imagen más representativa de la compañía, el que, por líneas generales, suele ser su CEO, un alto ejecutivo o el jefe del área de Comunicación o RR. PP.

En contextos gubernamentales, esta responsabilidad adquiere un peso aún mayor, pues la figura del vocero se convierte en un puente informativo entre las decisiones políticas y la ciudadanía.

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De los voceros se espera que comprendan y estén alineados con la filosofía y credo institucional, que puedan traducir mensajes corporativos en narrativas simples, sin tecnicismos innecesarios, y comunicarlos con auténtica pasión. Por lo que deben tener pleno dominio de la comunicación oral para articular los mensajes de manera clara, concisa y persuasiva en varios entornos, a la par de fuertes habilidades de escucha activa.

Igualmente, se cuenta con que lideren la narrativa en momentos difíciles para proteger la reputación; de manera que un aspecto crucial es su capacidad y dominio de técnicas para manejar preguntas desafiantes y provocativas o situaciones tensas en el contexto de una comunicación de crisis, mostrando buen dominio emocional, conservando la calma, evitando confrontaciones y manteniendo un tono profesional, con empatía y respeto por su audiencia. Por ello, su preparación minuciosa es crucial.





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Conocer las tendencias y mantenerse actualizados

A la par, deben dominar el tema del que se trate y otras cuestiones relacionadas con la empresa que representan, mantenerse actualizados sobre tendencias emergentes de la industria o sector y otros temas de interés, igual que comprender las complejidades del panorama de los medios de comunicación y las necesidades y preocupaciones de las audiencias para abordarlas adecuadamente. Algo muy importante es afianzar el enfoque en los mensajes clave fundamentados en datos verificables; sin ocultar información relevante, pero cuidando la confidencialidad cuando corresponde.

Los buenos portavoces deben poder transmitir el mensaje no solo con sus palabras, sino también con su lenguaje corporal o no verbal. Aspectos como mantener una postura erguida y abierta, hacer contacto visual, gesticular apoyando los mensajes verbales, cuidar el tono de voz y las expresiones faciales, al igual que mantener una expresión amigable y relajada, pueden hacer la diferencia. Se trata, finalmente, de que su cuerpo, voz y palabras se alineen para dar mensajes que ayuden a alcanzar el objetivo organizacional mientras se logra el propósito del periodista o interlocutor.

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La ética de la labor del vocero

La ética de la labor del vocero también merece atención especial. La transparencia no es una estrategia meramente formal; es una responsabilidad. En la era de la desinformación, la precisión, la honestidad y la rapidez para corregir errores sin ambigüedades fortalecen la credibilidad.

Sin embargo, incluso el mejor vocero no nace: se forma; su profesionalización requiere entrenamiento, práctica y alineación. Por ello, invertir en su selección, formación y cuidado no es un lujo: es una responsabilidad comunicacional de primer orden. La formación o entrenamiento de voceros es un proceso diseñado para enseñar a los representantes de una organización a comunicarse de manera efectiva y coherente en diferentes situaciones y ante los diversos públicos a los que se va a tener que enfrentar. La formación teórica no puede faltar, pero el enfoque de la formación siempre debe ser práctico.

En resumen, la voz de la organización no es un accesorio; es una herramienta estratégica para gestionar la confianza, la reputación y la legitimidad ante una sociedad cada vez más exigente y crítica. Por tanto, esto no debe dejarse al azar: se requiere entrenar al vocero(s) o a quienes tengan que hablar en público para que puedan hablar con claridad, empatía y autoridad, en cámara, en línea o bajo presión.



Te gustó este artículo de la Dra. Magda Rivero, te invito a leer el anterior: Relaciones Públicas Estratégicas

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