Feedback

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Por: Coach Jennifer Hamer

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¿Te atreves a escuchar lo que tu equipo realmente piensa?

Hablar de feedback parece sencillo. Dar una opinión, señalar algo que puede mejorar, tener confianza y  reconocer lo que se está haciendo bien. Sin embargo, pocas conversaciones revelan tanto sobre la cultura de una organización y la calidad de su liderazgo en un equipos de trabajo como aquellas en las que alguien se atreve a decir: “Hay algo que necesito decirte”.

Porque el verdadero feedback no comienza cuando hablamos. Comienza cuando existe la confianza suficiente para hacerlo. Un líder puede decir que tiene las puertas abiertas, pero la verdadera pregunta es: ¿qué sucede cuando alguien entra y dice algo que no quiere escuchar?

Feedback para fortalecer la confianza, la seguridad psicológica y el liderazgo dentro de los equipos de trabajo.

Feedback, inteligencia emocional y liderazgo

Recibir retroalimentación requiere aprender a escuchar sin ponerse inmediatamente a la defensiva, sin justificar, minimizar o buscar culpables. Requiere curiosidad y la capacidad de preguntarnos: ¿Qué puedo aprender de esto?

Cuando un colaborador descubre que puede expresar una preocupación, reconocer un error, cuestionar una decisión o proponer una manera diferente de hacer las cosas sin temor a represalias, comienza a construirse algo mucho más importante que una buena comunicación: seguridad psicológica.  Y con ella llega la confianza.

Feedback para fortalecer la confianza, la seguridad psicológica y el liderazgo dentro de los equipos de trabajo.

El feedback funciona en ambas direcciones

También necesitamos aprender a darlo. Una retroalimentación mal expresada puede lastimar, generar resistencia e incluso deteriorar una relación. No se trata de evitar conversaciones difíciles, sino de aprender a tenerlas mejor.





Dar feedback implica hablar sobre conductas y situaciones concretas, no atacar a la persona. Significa explicar el impacto de una acción, escuchar su perspectiva y, sobre todo, abrir una conversación orientada hacia lo que podemos hacer diferente en el futuro.

Hay una enorme diferencia entre decir: “Siempre eres desorganizado” y preguntar: “He observado que en las últimas entregas no hemos cumplido los tiempos acordados. ¿Qué está sucediendo y cómo podemos resolverlo?”

Una sentencia cierra. Una pregunta abre

Y quizá una de las herramientas más poderosas para desarrollar una cultura de retroalimentación sea el ejemplo.

Si quiero que mi equipo reciba feedback con apertura, primero debo demostrar que yo puedo recibirlo. Del mismo modo, si espero que las personas reconozcan sus errores, debo ser capaz de reconocer los míos. Para construir conversaciones respetuosas, también necesito cuidar la manera en que converso.

La confianza no se exige por jerarquía ni aparece escrita en los valores de una empresa. Se construye conversación a conversación.

Por eso, tal vez una de las preguntas más poderosas que puede hacer un líder a su equipo sea también una de las más sencillas: “¿Qué podría hacer yo diferente para ayudarte a hacer mejor tu trabajo?”

Y después, tener la inteligencia emocional y la humildad necesarias para escuchar la respuesta para un buen liderazgo.



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