ANTIMANUAL DEL EMPRESARIO MODERNO

ANTIMANUAL DEL EMPRESARIO MODERNO

Por: Mtro. Misael López-Uribe Consultor y consejero en Brand Marketing, Comunicación Corporativa y Brand Sales Creador del Modelo Estratégico “Las 10 M’s de la Mercadotecnia”® WhatsApp: (998) 109 6315 guiame@misael.consulting

Hay empresarios que nacen para construir imperios… y luego está USTED, que con una mezcla impecable de intuición divina, ego olímpico y disciplina para ignorar lo evidente, puede llevar su negocio al fracaso con una elegancia que raya en lo artístico. Por eso nace este AntiManual: un homenaje a quienes creen que la empresa existe para servirles, no para sostenerse.

Comencemos con lo básico: planear es para mortales, y usted no se rebaja a eso. Presupuestos, proyecciones y análisis financieros son obstáculos que solo limitarían su grandeza. ¿Para qué conocer ingresos y gastos, si puede navegar a ciegas con la confianza de quien nunca se equivoca?

Acto seguido, evite cualquier intento de organizar la estructura interna. Definir funciones o responsabilidades sería admitir que no controla todo… y usted controla todo, ¿verdad? Además, permitir que los empleados sepan qué deben hacer podría llevarlos a hacer las cosas mejor que usted, y eso no se puede permitir.

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Si su PYME llega a tener utilidades —milagro digno de estudio— retírelas de inmediato. El negocio no necesita reinversión; usted necesita validación. Nada grita “soy un líder visionario” como dejar sin capital a la empresa para comprarse ese coche de lujo que confirme su estatus. Total, el flujo de efectivo es un invento de los débiles.

En comunicación, aplique la filosofía suprema del empresario iluminado: la publicidad es innecesaria. ¿Qué van a saber las redes sociales sobre atraer clientes, si usted ya colgó una lona afuera del local? Lona que, por cierto, es un monumento a su creatividad y resistencia al cambio.





Y por favor, jamás reconozca los logros de sus empleados. La empresa es usted. Todo es usted. Solo usted. Felicitarlos sería aceptar que aportan algo, y eso afectaría la narrativa en la que usted es héroe, víctima y protagonista al mismo tiempo.

No delegue tareas ni capacite al equipo. Eso solo genera empleados capaces, y ya sabemos que los capaces luego se van… o peor, empiezan a cuestionarlo. Manténgalos dependientes; nada fortalece más el ego que ser imprescindible por obligación, no por excelencia.

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En cuanto a sus clientes, mantenga la postura del gurú empresarial: si quieren algo, que lo pidan. No haga seguimiento, no llame, no cobre. Usted no persigue ventas; las ventas deberían perseguirlo a usted. Ser puntual en entregas es un detalle menor: el mundo debe adaptarse a su ritmo, no al revés.

Y cuando —inevitablemente— todo empiece a colapsar, recuerde el paso final del AntiManual: culpe al gobierno, a la economía, a los empleados, al clima, a Mercurio retrógrado… a cualquiera menos a usted. La responsabilidad es un concepto decorativo, jamás un espejo.

Este AntiManual no busca enseñar cómo fracasar; busca mostrarle que muchos ya lo hacen con maestría sin darse cuenta. Porque, en un mundo lleno de empresarios que sí quieren crecer, siempre habrá unos cuantos dispuestos a protagonizar la secuela eterna de: No sé qué pasó, todo iba tan bien…”

El camino hacia el fracaso empresarial está perfectamente pavimentadocon decisiones tomadas desde el ego.



También te gustará leer el artículo anterior de Misael López-Uribe aquí: El Futuro del Liderazgo

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