La violencia feminicida en México

La violencia feminicida en México

Por: Mary Hadad

 

Voy caminando en la marcha, con los rayos del sol encima y las gotas de sudor chorreando por el rostro y la espalda. Voy gritando consignas, exigiendo justicia por todas, por las que nos han arrebatado y por las desaparecidas. En esta ocasión marchamos por una niña, que puede ser mi hija, la tuya, la hija de alguien más.

Ha sido un escándalo en la ciudad el asesinato de Alejandra, y no es para menos, los medios de comunicación han exhibido durante varios días, la total ausencia de debida diligencia y aplicación de protocolos para investigar un posible crimen contra una niña. La ley les ordena, de acuerdo a las circunstancias y evidencias, que deben iniciar la investigación como un feminicidio.

Sin embargo, como lo hacen por consigna, las autoridades de la fiscalía se resisten a mirar con perspectiva de género todas aquellas muertes violentas de mujeres, porque eso atenta, según ellos, contra la imagen del destino, aunque nada puede atentar tanto contra la imagen de un destino, que el ser un lugar inseguro y peligroso para las mujeres y niñas.

Cuando voy caminando en la marcha, por mi cabeza pasan muchas cosas, la sensación de dolor, la impotencia, la rabia, pero también la empatía por las victimas supervivientes. Miro a mis compañeras que caminan a mi lado y la mayoría son jóvenes, todas diversas y llenas de vida, y no dejo de sentir nostalgia de que esta no sea la tierra prometida para ellas.

Vamos gritando al unísono, seguras de que alguien nos está escuchando, que algo lograremos con manifestarnos y rechazar todo aquello que pareciera destino. No, no podemos resignarnos a que las cosas seguirán empeorando y que a la vuelta de la esquina seremos también alcanzadas por esa violencia que nos amenaza por nuestra condición de género.

Me rebelo y me niego rotundamente a que mi vida signifique menos por haber nacido mujer. Rechazo absolutamente que mi vida sea relativizada por mi condición de género. Repudio totalmente que mi cuerpo pueda ser violado, lastimado o destruido a manos del machismo y la indolencia social. ¡No, la tragedia no puede y no debe ser nuestro destino!

Mientras avanza el contingente por las calles de Calderitas, observo que han salido de sus casas familias enteras que se quedan apenas afuera de sus puertas. Nos ven marchar y noto en ellas su cara de angustia, sobre todo en el rostro de las mujeres. Las madres se llevan las manos al pecho o se toman el rostro en señal de dolor y preocupación. Las jóvenes y niñas observan atentas y se percibe en ellas el desconcierto, algunas incluso preguntan a sus madres qué es lo que ocurre.

Pero también observo en varias jóvenes, un brillo en su mirada que interpreto como admiración, se nota en sus rostros que quisieran unirse a la marcha, porque la juventud convoca, y en el fondo ellas saben que las calles deben ser suyas, de día, de noche, en la madrugada, a cualquier hora, ellas deberían ser dueñas de su libertad y del espacio público.

Esa tarde, de la marcha, miré muchos rostros tristes en nuestro andar. Un ambiente de incertidumbre recorre sus hogares, porque en el fondo, todas esas madres saben, que a quien le arrebataron la vida, pudo ser cualquiera de ellas, o cualquiera de sus hijas. La violencia que se ejerce contra mujeres y niñas en México es tan impune y tan extendida, que su preocupación está justificada.

Este ha sido, hasta la fecha, el peor año para las mujeres y niñas ante el crecimiento estadístico de diversas formas de violencia contra ellas, especialmente la violencia brutal materializada en feminicidios a lo largo y ancho de este país, con estados unos más violentos que otros.

De hecho, marzo 2021, ha sido el mes más violento para las mujeres en México. Justo el mes donde se realizan conmemoraciones y pronunciamientos para erradicar la violencia y discriminación contra las mujeres, donde incluso se hacen grandes movilizaciones y marchas para levantar la voz y exigir el cese de tanta violencia.

La embestida del machismo y la misoginia ha sido brutal. Las mismas autoridades del Secretariado Ejecutivo Nacional, han declarado que, según cifras oficiales, los femicidios han crecido en 7.1% en comparación del año anterior, y que las violaciones sexuales han aumentado en más de un 30%.

El confinamiento por pandemia ha sido el escenario perfecto para que muchas víctimas estén en las garras de sus agresores por más horas al día, y por ello se han disparado también las alarmas en materia de violencia doméstica y violencia infantil.

Y lo que nutre este escenario, el alimento perfecto que aviva las llamas de la violencia, se llama impunidad, de eso no falta, de hecho, sobra para echar por todos lados. Más del 98 % de los delitos graves que se cometen contra mujeres y niñas siguen siendo impunes, con sub registros espeluznantes si tomamos en cuenta que más del 90 % de las mujeres no denuncian las agresiones de las que son víctimas.

Y es que, particularmente los feminicidios en México siguen siendo invisibilizados por los tres órdenes de gobierno, que ni reconocen, ni aceptan, lo que la misma ONU ha nombrado como una crisis humanitaria respecto a la violencia de género que azota esta nación.

Y aun cuando ya existan visos de que se reconozcan las cifras, de poco sirve si es para pura demagogia. De hecho, de nada sirve reconocer que casi 20 entidades federativas tienen declaratorias de violencia de género, si de hecho se sabe que todo el país está prácticamente incendiado.

Es urgente que todas las fiscalías de este país que ya contemplan los delitos de femicidio en sus legislaciones locales, apliquen el Modelo de protocolo latinoamericano de investigación de las muertes violentas de mujeres por razones de género (incluyendo accidentes y suicidios) para que investiguen incorporando una perspectiva de género y sin descartar la posibilidad del feminicidio.

La ONU sostiene que los feminicidios son la manifestación más extrema de los actos sistemáticos de violencia contra las mujeres y las niñas por el hecho de ser mujeres. Una constante de estos asesinatos es la brutalidad y la impunidad que los acompañan. Estos crímenes constituyen la negación del derecho a la vida y de la integridad de las mujeres.

Por favor amables lectoras, no normalicemos la violencia como algo que muchos consideran “condición de vida”, o “la cruz”, ¡no, de ninguna manera! La violencia contra las mujeres y niñas es inaceptable, y por lo tanto debe ser prevenida, denunciada, rechazada y erradicada.

Con el permiso de ustedes, y sin el también, voy a seguir marchando y levantando la voz para que todo esto cambie para las mujeres y niñas de Quintana Roo, porque ser uno de los 8 estados que concentra casi el 60 por ciento de los feminicidios en México es vergonzoso y repudiable.

A veces pienso, que si tan sólo el 10 por ciento de la población de Othón P. Blanco se uniera a las marchas en las cuales se exige justicia y respeto a los derechos humanos de las mujeres y niñas, ¡tan solo el 10 por ciento!, habrían 25 mil ciudadanos y ciudadanas tomando las calles y obligando al sistema a dejar de simular que protege a las mujeres y niñas, para de hecho y de manera inmediata, comenzar a hacerlo cambiando radicalmente la agenda donde las mujeres y niñas sean el centro de todos los verdaderos esfuerzos.

¿No lo cree así amable lectora? Ya va siendo hora de dejar la zona de confort y luchar más activamente por lo que vale la pena lograr.

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